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My Own Bubble

No.-08-from-the-series-De-Selfing-2014

He escrito muchos post donde hablo de como me siento desde que terminé mi última relación, no por voluntad propia, sino por la decisión de quien era mi pareja.

He dicho que llevo mucho tiempo sintiéndome como una ratoncita, capaz únicamente de asomarse desde su escondite, ver si hay algo al exterior y en cualquier momento que algo le atemorice, volver a su madriguera.

Una ratoncita que ve con miedo total absolutamente cualquier peligro que la vida represente, y es que, realmente, vivir es un diario peligro. Vivir es ir en el borde todo el tiempo.

Pero si no te arriesgas a vivir, la vida no se va a detener por ti, el tiempo no va a dejar de pasar y simplemente te va a llegar la muerte, hayas hecho algo grande o no. Y casi siempre, para lograr algo grande, hay también que arriesgar algo de igual medida.

Pues bien, yo llevo mucho tiempo en mi ratonera, escondida del mundo exterior, pero enfrentándome a uno igual de misterioso, me refiero a mi mundo interior.

Y es que si bien las experiencias de vida que más nos marcan suceden hacia afuera, no somos pocos los que nos damos cuenta que todo esto exterior es un reflejo de como nos sentimos o quienes somos internamente.

¿De que sirve salir al mundo armados con una espada si no tenemos una buena armadura?. La espada son esas armas que tenemos y que si sabemos como, podemos utilizar perfecto para surfear por la vida sin morir en el intento, pero; ni la mejor espada y habilidades del mundo nos puede salvar la existencia como una armadura. Y la armadura es justamente esa fuerza interna que tenemos que desarrollar.

¿Cómo empiezas a lograr lo que quieres si no sabes con precisión qué es ESO que quieres? ¿Cómo caminas por un camino que no sabes como recorrer, que no estás listo para recorrer?.

No se trata de encerrarte toda la vida, pero es real que dentro de nosotros guardamos un gran cofre de valiosos secretos que son la clave de nuestra esencia real, eso que proyectamos al mundo exterior.

 

Lo que quiero tratar aquí es lo interno… el como estoy tratando de crear una armadura lo suficientemente fuerte para resistir los embates a los que seguramente me voy a tener que enfrentar al tiempo de que trato que sea tan ligera y transparente que no se vuelva imprenetrable para las personas y experiencias que si busco dejar entrar.

Es complicado. Pero voy a seguir escribiendo e intentando que me comprendan.

Hace unos días me re-encontré con una persona que me sorprendió desde la primera vez que la conocí. Ella es actriz, aunque digamos, no muy famosa como Sofía Vergara, pero localmente y con cierto sector en mi país, si es bastante conocida.

El caso es que la primera vez que la vi sólo me pareció muy guapa y la verdad es que no la recordaba actuando. Aún así me acerqué a ella por que me pareció muy atractiva y pues quise saludarla, estar cerca de ella.

Mi gran sorpresa fue esa calidez que tenia con cada una de las personas que se le acercaban, era una confianza, una apertura difícil de no notar.

Por ejemplo, aquella vez nos tomamos una foto y ella me abrazó. Ustedes dirán, eso cualquier persona lo hace. Pero yo, con toda la seguridad del mundo, puedo decirles que no, no cualquiera te abraza sin conocerte y menos con ese cariño.

Entonces quedé muy impactada con esta chica, pero ya… pasó el tiempo y no la volví a ver en la tele ni supe más nada de ella. No me puse triste ni nada, pero esa sensación que me dejó fue algo que si conservé en mi mente.

Un tiempo después y para mi sorpresa, me la encuentro random en una marcha gay y literalmente, corrí a sus brazos. No tengo idea de en que exactamente pensaba, pero si sabía que esa repentina muestra de amor no venía de la nada. Sabía que ella me iba a recibir de igual manera, y estaba tan en lo cierto, que la chica en cuestión me pegó un abrazo de esos que toda la vida recordamos.

En un momento me hizo sentir tan feliz y tan completa. De verdad fue una segunda experiencia que tampoco olvidé.

Finalmente, como les contaba, hace unos días tuve la oportunidad de verla de nuevo. Esta vez más de cerca y con menos gente entre nosotras. Al principio fue complicado acercarme a ella, pero una vez que lo hice, no fue la excepción nuestro encuentro lleno de abrazos, besos y ese cariño y ternura tan grandes que solo ella me transmite.

Me encanta esta mujer, verla siempre es abrir una caja de sorpresas y no saber cuál te vas a llevar en esa ocasión. Esta vez me dejó un regalo muy grande, enorme e invaluable.

Lo que esta chica logró fue desarmarme por completo… lean otra vez completo el inicio de este escrito. Vean como metaforizo acerca de una espada y una armadura necesarias para salir al mundo. Y una vez que lo entiendan, una vez que estén de acuerdo conmigo; una vez que hayan sacado su espada y desempolvado su armadura para salir a la batalla, quítense todo. Queden como en un principio.

Queden si gustan como ese ratoncito afuera de la madriguera o como un bebé recién nacido, como más les guste. Piensen en ese estado primario de emociones que tenemos todos por naturaleza.

Así es como me sentí con ella.

Fue como decir: guey, ¿qué demonios hago encerrada cuando afuera hay cosas tan bellas?, ¿qué demonios intento cargando a cada rincón de mi vida con una espada y una armadura que lo único que hacen es aislarme el mundo exterior, en donde, si bien hay peligros, también hay un montón de cosas buenas, bellas y nuevas esperando a ser vividas?.

Y yo sé lo que viene, lo entiendo perfectamente. Se como van a rebatir esta idea. Si, lo sé, hay personas que simplemente nos obligan a ponernos esa armadura y estar siempre con la espada en lo alto. Lo sé. Hay muchísima gente afuera esperando para atacarnos. En cualquier sentido.

Hay gente esperando a vernos débiles y llegarnos por ahí. Hay personas que constantemente nos atacan y si, a veces tenemos que defendernos. Hay otros muchos que nos harán daño sin desearlo, sin tener conciencia de ello.

Si, así es la vida. No voy a negarlo.

Pero ¿hasta cuando nos vamos a poner armaduras y vamos a cargar espadas, ambos instrumentos tan pesados para vivir nuestra vida?.

Piensen en algo un poco gracioso y a la vez trágico: ¿cuántas armaduras te has puesto a lo largo de tu vida? ¿cuántas aún llevas puestas? ¿cuáles has llevado por tanto tiempo que ya ni recuerdas que llevas puestas? Simplemente sabes que nada pasa por ahi, nada entra, pero tampoco nada sale.

Ahora, ¿cuántas espadas has clavado tu? ¿cuáles te dejaron una victoria real y cuáles una efímera?.

Esto nos es un post motivacional, no estoy intentando cambiar a nadie. Simplemente trato de hacerme consciente de mi proceso, porque si, yo llevo mucho tiempo cargando con un montón de armaduras y clavando muchas espadas que nada me han dejado.

Y es verdad también que me han dado muchas estocadas, mucha gente me ha dañado, voluntaria e involuntariamente.

Y es que yo era una joven muy confiada. Recuerdo que iba por el mundo contándole mi vida a todo el que se me pusiera enfrente. Era muy alegre, no pensaba que existiera la maldad ni era consciente del daño que otro ser humano es capaz de ocasionarte.

Para mi mala suerte, hay personas que si, en efecto, son malas y quieren dañarte. PERO, también existen otro tanto (quizá la mayoría) que una vez que descubren que eres inofensivo, un buen aliado con un corazón noble, en ese momento de deshacen de cualquier cubierta y se abren contigo de la mejor manera. Una persona que te conoce bien será siempre incapaz de intentar hacerte daño. ¡¡¡Y eso es real!!! ¡¡¡Eso existe!!! Y no, esto no es un cuento de hadas.

Yo misma soy testigo de como funcionan estas cosas.
Ahora bien, volviendo un poco al asunto con esta chica, encontrarme con ella nuevamente me sirvió para 2 cosas muy importantes:

1. Volver a verla (claro, es preciosa, súper hermosa, un angel muy bello).

2. Recordar como se siente estar con alguien que va por la vida sin mayor armadura que esa capa invisible, pero segura, llamada AMOR.

Cualquier abrazo que Tan me ha dado o me vuelva a dar (espero que sean todavía muchos más), se sienten tan llenos de paz, es que es real cuando les digo que literalmente te deja atravesar su burbuja y te sientes completamente envuelta por su amor.

Que extraño es ¿no? Que una persona a quien apenas podría decirse que conozco, a quien no he visto más que un par de veces, sea capaz de transmitir sentimientos tan bellos y me haya dejado con esa experiencia tan sanadora.

Al tiempo que me encontraba con Tan, me re-encontré también con una de las personas que más herida me han dejado. Ella fue una espada que literalmente me atravesó de lado a lado y por todas las capas de mi vida (cuerpo, mente, alma). Para no hacerla larga, les diré que si, estoy hablando de aquella persona por quien me encerré todo este último año.

No es mala persona, no lo es. Pero… lleva puestas tantas armaduras y carga con tantas espadas, que además de no saber cual de todas sus armas va a usar contra ti y en que momento va a atacar, yo al menos ya no soy capaz de acercarme a ella y verla por debajo, como pienso (quizá recuerdo) que realmente es.

Siempre ella ha sido así. Yo aquí no estoy para juzgar a nadie, como diciendo que soy perfecta y no tengo inseguridades, pero al menos intento que estas no sean las que moldean mi vida.

Y hemos llegado a la clave de todo, aquí el meollo de este escrito: si lo piensan, la verdad es que la personas que más nos atacan, son quienes viven con más armaduras (algunas colocadas bajo llave).

Piénsenlo: esas personas que son siempre las primeras en sacar la espada ¿no son acaso quienes se sienten más descubiertos, en peligro, más intimidados de que seas tu quien ataque primero? ¿acaso no son esas personas las mismas que más armaduras cargan? ¿a las que es mucho más difícil llegarles?.

No importa, no podemos cambiar a nadie. Lo aceptamos como es o les dejamos.

PERO, lo importante de todo esto es que si podemos cambiar al ser más importante: a nosotros mismos.

Yo quiero ser como Tania. Quiero que la gente me recuerde por que abrazo rico, por que les hago sentir queridos y valorados, por que puedo darles un buen consejo cuando lo necesitan sin atacarlos o juzgarlos a cambio. Quiero llegar sin armaduras ni caparazones ni espadas. Quiero envolverme en una burbuja protectora de amor y protección divina, segura, pero incapaz de dañar a nadie. Y que cuando alguien se acerque con necesidad, ser capaz de envolverl@ junto conmigo.

Así era yo. Y si, a veces no me salió tan bien, pues resulta que de hecho, aún la gente sabiendo que soy inofensiva (en la mayoría de las ocasiones, tampoco digo que sea una perita en dulce) han sabido como atacarme.

Y si, eso me hizo comenzar a cargar con armaduras y demás cosas que no van conmigo.

Yo pienso que hay que viajar ligeros por el mundo, en todo sentido. Nunca sabes cuando vas a necesitar espacio libre, o poco peso, o un lugar reservado…

Ahora soy incapaz de atravesar el ancho muro que esta persona construyó entre ella y yo, y lo sé, es imposible que ella vuelva a verme como en un principio. Hay muchas cosas de por medio. Pero aún así, mis puertas siguen abiertas por si algún día ella reconoce que no es necesario enfrentarse a mi de esa manera y que de hecho, entre más logre abrirse conmigo, más recibirá a cambio.

Yo por mi parte, ahora que pasé un buen tiempo encerrada en mi caparazón y que, no les miento, me era muy necesario y me sirvió para muchas cosas, creo que estoy lista para salir y de una vez, dejar toda armadura y sobre todo, dejar cada espada que en su momento creí necesaria, para salir sólo envuelta con esa delgada burbuja que deje otra vez ver al mundo quien soy yo de verdad.

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Mixed signals

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Soy muy de creer en que la vida nos va dejando señales cuando tenemos un problema que no sabemos como resolver.

Alguna vez mi escritora favorita me habló de como, cuando llevaba su libro a que lo leyera una persona que lo pudiera publicar, todos los semáforos que encontró en el camino estaban en verde. Y al final, ese día ella logró acordar con la editorial que publicó su escrito por primera vez.

¿Esto les suena demasiado extraño? A mi no. De hecho, me parece absurdamente lógico. Y es que solemos estar tan ensimismados, tan profundamente perdidos en nuestros pequeños universos, que realmente olvidamos que sólo somos parte de uno mucho más grande e infinito.

Es decir, cuando pensamos en algo, en equis situación, estamos creando un tipo de energía que de una manera u otra afecta la totalidad del Universo, aunque no seamos consientes de ello.

Por eso, cuando me siento muy perdida, muy absorbida por mis problemas, al punto tal que ya no se como solucionarlos, simplemente los suelto ahí, en la infinidad del cosmos, esperando que a cambio, el cosmos traiga ese mismo problema en forma de señal o de solución.

Varias veces me he sentido algo desesperada, que de plano ya las situaciones me sobrepasan y es cuando, poniendo un poco de atención, alcanzo a notar que la vida intenta decirme “algo” a través de sutiles o a veces muy claras señales.

Por ejemplo, cuando seguía aferrada a vivir cerca de mi ex-novia, pero lejos de donde podía hacer algo con mi vida y de repente me empezaron a llover (así, literal, “llover”) ofertas de trabajo para regresarme a mi estado y yo simplemente las ignoraba.

De cierta manera, la vida estaba tratando de decirme “no seas bruta, tu ya no tienes nada que hacer aquí; regrésate, sigue con tu vida y con tu planes, que ella ya tiene los propios y no te incluyen”.

Pero uno a veces es necio. Se ciega absurdamente. Digo, ¿para que pedir señales si luego las vamos a ignorar?.

A partir de entonces me propuse ser más receptiva, estar más abierta a este tipo de señales y algo más: me atreví a pedirlas. A Dios, al Universo, al Cosmos, a Buda o como ustedes gusten llamarle.

El caso es que a veces, cuando me siento ya rebasada por los problemas; o mejor aún, cuando siento que YA le estoy dando muchas vueltas a un mismo asunto, así vaya comenzando, en ese momento cierro mis ojos y digo: dame una señal por favor.

No se a ciencia cierta si como tal han llegado, pero creo que a veces el gesto más ridículo puede estar encubriendo una buena señal.

Por ejemplo, hace poco que me empecé a sentir atraída por mi maestra de yoga, a quien a partir de hoy llamaremos Dalila.

Bueno, pues de repente me encontré a mi misma como elucubrando ahí un buen rato un plan para acercarme a ella más (claro, lejos de la clase) como hablarle, como invitarla a salir y lo más importante, si acaso debía o no hacerlo o simplemente debía dejarla pasar.

Pues en esas estaba cuando un día, al llegar al salón fue ella (si ella) y no yo, quien comenzó la plática. Así, casual y sin grandes intenciones, fue ella quien dio ese primer paso que yo tanto miedo tenía de dar.

¿Pensarían que esto es una señal? Yo no lo sé a ciencia cierta, pero quiero pensar que si. Quiero pensar que la vida te va dejando pequeños Froot Loops en el camino para llegar a donde debes (como Sully a Boo en Monsters Inc.), para que no te pierdas tan fácilmente. La vida va prendiendo esos miles de semáforos en verde, o en rojo o en amarillo, y nosotros tendríamos que ser capaces de interpretarlos. Cuando seguir, cuando ser precavidos o cuando sencillamente detenernos.

El punto es estar siempre atentos, siempre abiertos, con nuestra mente ligera de pensamientos y de basura, para que cuando llegue la señal, estemos receptivos y podamos seguir como es mejor para nosotros.

Llámenme loca si quieren, pero al día de hoy ya cuento con un buen número de señales que me hacen pensar que quizá, y digo sólo quizá, yo tampoco le sea indiferente a Dalila.

 

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No me gustan las chicas…

Pero hace un tiempo te comencé a notar.

De entre las miles de personas que veo cada día, de momento me pareciste peculiar.

Será que llevo mucho tiempo sin tener novio o que realmente nunca tuve suerte con los hombres, pero justo ahora no dejo de pensar en ti.

Me pareces increíblemente femenina y eso sin duda hace ruido en mi corazón. Corazón que lleva tanto tiempo dormido, dominado de nacimiento, guiado por voces ajenas.

Hoy parece que escucho la propia… repitiendo tu nombre una y otra vez.

Tal como la primera vez que te escuché hablar: tu voz delicada, tu sonrisa sincera, ese perfume que se impregnó hasta mi respiración y cada vez que lo recuerdo, recuerdo el oleaje en tu cabello largo, las curvas en tu cuerpo, el tono de tu piel.

No me gustan las chicas… pero tu me pareces tremendamente atractiva.

Te veo ahí a lo lejos como escondiéndote no se de quién, no se de que. Y es que en tu rostro se dibuja una cierta inocencia que jamás hubiera notado en nadie más. Y no puedo dejar de mirarte.

Entre uno y otro obstáculo renaces, entre uno y otro humano, tu brillas. Me atraes, me atrapas y de repente me hablas.

Pareces tímida pero a la vez segura. Hablas bajito pero a la vez me dices muchas cosas. Te ríes, te agarras la mano izquierda con la derecha, pareces tímida y a la vez segura de lo que haces…. Tanto que no puedo hacer más que pensar que quizá también tu piensas en mi.

Que esas tantas veces que nuestras miradas se han cruzado no ha sido coincidencia, que el hecho de que me hablas a mi y no a cualquiera otra, no es por una razón insignificante.

No estoy segura de nada, ni siquiera se si volveré a verte o volverás a hablarme, si regresarás aquí o te irás lejos.

Pero… ¿porqué siquiera pienso en eso? Me desconozco a mi misma, no se quien soy. Y yo creo que hoy más que otros días, más que toda mi entera vida, empiezo a reconocer algo dentro de mi que me pertenece más que toda mi existencia…

Esta tarde te apareciste frente a mi e intercambiamos unas cuantas palabras. Fue todo muy confuso. No estoy segura de que pasó, pero creo que me invitaste a salir y yo sólo acerté a decirte no gracias… no me gustan las chicas.

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