Category Archives: About Me

No estoy congelada

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No están mis venas vacías, ni mi corazón detenido.

No hay frío en mi alma, ni soledad en mis pensamientos.

Lo se porque hoy volví a sentir el fuego encendiendo mi apagada vida. Con un beso tuyo. Un sólo beso.

Tus labios se acercaron hasta mi mejilla y ese simple acto destrozó en segundos una barrera que llevo años cargando.

La calidez de tu cuerpo, el sudor que humedece tu espalda y el aroma que me envuelve en tus brazos, en ese eterno abrazo que funde los límites de mi ser con el tuyo; sólo aquí fui capaz de encontrarme otra vez.

Con tu ser, con tu amor. Ese amor que sólo tu puedes entregar y que encapsula hasta el más mínimo miedo que me atormenta. Lo aisla y simplemente se lo lleva, flotando, en el espacio… lejos de ti, pero sobre todo, lejos de mi.

Y no se cuando volveré a verte… pero mientras guardaré el recuerdo de tu voz endulzando el espacio, de tus movimientos dibujando la silueta de lo perfecto; haré una escultura invisible con la ternura que me haces sentir, con el detalle de tus labios y el brillo de tus ojos.

Voy a guardar tu recuerdo en una fotografía que llevaré conmigo a toda partes, incluso a mi solitario espacio, el cual hoy con tu evanescente presencia se siente menos vacío, menos frío, mucho menos intacto.

 

 

 

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Mixed signals

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Soy muy de creer en que la vida nos va dejando señales cuando tenemos un problema que no sabemos como resolver.

Alguna vez mi escritora favorita me habló de como, cuando llevaba su libro a que lo leyera una persona que lo pudiera publicar, todos los semáforos que encontró en el camino estaban en verde. Y al final, ese día ella logró acordar con la editorial que publicó su escrito por primera vez.

¿Esto les suena demasiado extraño? A mi no. De hecho, me parece absurdamente lógico. Y es que solemos estar tan ensimismados, tan profundamente perdidos en nuestros pequeños universos, que realmente olvidamos que sólo somos parte de uno mucho más grande e infinito.

Es decir, cuando pensamos en algo, en equis situación, estamos creando un tipo de energía que de una manera u otra afecta la totalidad del Universo, aunque no seamos consientes de ello.

Por eso, cuando me siento muy perdida, muy absorbida por mis problemas, al punto tal que ya no se como solucionarlos, simplemente los suelto ahí, en la infinidad del cosmos, esperando que a cambio, el cosmos traiga ese mismo problema en forma de señal o de solución.

Varias veces me he sentido algo desesperada, que de plano ya las situaciones me sobrepasan y es cuando, poniendo un poco de atención, alcanzo a notar que la vida intenta decirme “algo” a través de sutiles o a veces muy claras señales.

Por ejemplo, cuando seguía aferrada a vivir cerca de mi ex-novia, pero lejos de donde podía hacer algo con mi vida y de repente me empezaron a llover (así, literal, “llover”) ofertas de trabajo para regresarme a mi estado y yo simplemente las ignoraba.

De cierta manera, la vida estaba tratando de decirme “no seas bruta, tu ya no tienes nada que hacer aquí; regrésate, sigue con tu vida y con tu planes, que ella ya tiene los propios y no te incluyen”.

Pero uno a veces es necio. Se ciega absurdamente. Digo, ¿para que pedir señales si luego las vamos a ignorar?.

A partir de entonces me propuse ser más receptiva, estar más abierta a este tipo de señales y algo más: me atreví a pedirlas. A Dios, al Universo, al Cosmos, a Buda o como ustedes gusten llamarle.

El caso es que a veces, cuando me siento ya rebasada por los problemas; o mejor aún, cuando siento que YA le estoy dando muchas vueltas a un mismo asunto, así vaya comenzando, en ese momento cierro mis ojos y digo: dame una señal por favor.

No se a ciencia cierta si como tal han llegado, pero creo que a veces el gesto más ridículo puede estar encubriendo una buena señal.

Por ejemplo, hace poco que me empecé a sentir atraída por mi maestra de yoga, a quien a partir de hoy llamaremos Dalila.

Bueno, pues de repente me encontré a mi misma como elucubrando ahí un buen rato un plan para acercarme a ella más (claro, lejos de la clase) como hablarle, como invitarla a salir y lo más importante, si acaso debía o no hacerlo o simplemente debía dejarla pasar.

Pues en esas estaba cuando un día, al llegar al salón fue ella (si ella) y no yo, quien comenzó la plática. Así, casual y sin grandes intenciones, fue ella quien dio ese primer paso que yo tanto miedo tenía de dar.

¿Pensarían que esto es una señal? Yo no lo sé a ciencia cierta, pero quiero pensar que si. Quiero pensar que la vida te va dejando pequeños Froot Loops en el camino para llegar a donde debes (como Sully a Boo en Monsters Inc.), para que no te pierdas tan fácilmente. La vida va prendiendo esos miles de semáforos en verde, o en rojo o en amarillo, y nosotros tendríamos que ser capaces de interpretarlos. Cuando seguir, cuando ser precavidos o cuando sencillamente detenernos.

El punto es estar siempre atentos, siempre abiertos, con nuestra mente ligera de pensamientos y de basura, para que cuando llegue la señal, estemos receptivos y podamos seguir como es mejor para nosotros.

Llámenme loca si quieren, pero al día de hoy ya cuento con un buen número de señales que me hacen pensar que quizá, y digo sólo quizá, yo tampoco le sea indiferente a Dalila.

 

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¿Cómo era yo?

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Ya les he contado aquí las historia de como tuve que hacerme a la idea de que la persona que amaba me estaba dejando. Me abandonó y no hubo vuelta atrás.

Fue un proceso bastante complicado. Como que uno no piensa que puede llegar a sufrir tanto por una x o y situación hasta que te toca vivirla.

En el camino de superar este problema, me encontré con que todo este tiempo había estado perdida y de pronto ya no sabía ni lo que quería hacer con mi vida, ni lo que quería lograr. Perdí objetivos, sueños, perdí absolutamente todo…

Y aún con esto, no me sentía tan perdida. Pero el día que ya no tenía algo que realmente me importaba, algo que me había acompañado en toda mi vida, entonces si sentí miedo.

Me refiero a mi identidad. A mi manera de ser, ese humano que conocía. Y es que no me podía reconocer a mi misma. A veces, en ciertas situaciones, ya no sabía como actuar o como reaccionar.

Por ejemplo, las veces que iba al antro. Antes encajaba perfecto. Aunque fuera sola, de repente ya estaba con un grupo de personas y como si nos conociéramos de toda la vida. Es decir, olvidé como socializar, algo que antes me salía perfecto y sin ningún esfuerzo, ¿me explico?.

Fui olvidando como acercarme a la gente, como salir y divertirme, como conocer más personas, como ser agradable y que los demás quisieran estar conmigo. Porque además parecía que ya nadie se me quería acercar, que había perdido mi mojo y simplemente regresaba a mi casa y me decía ¿quién soy? ¿Qué está pasando conmigo? ¿Porqué la gente no quiere convivir conmigo? ¿Porqué siento que todo mundo habla a mis espaldas? ¿Cómo era yo?… ¿Porqué me hacía feliz esa música? ¿Porqué parecía que le caía bien a toda la gente? ¿Porqué ya no puedo sentirme contenta y en paz como lograba hacerlo antes? ¿en quién demonios me convertí?.

Me sentí pésimo por casi un año. No me reconocía en las lágrimas, en esa tristeza extrema que no podía sacar de mi cuerpo. Pasaba las noches enteras llorando, los días completos dándole vueltas a la misma situación. Cuando me dormía la soñaba y despertaba con una ansiedad tremenda, por que también en mis sueños ella me abandonaba y yo, de una y mil maneras, le preguntaba ¿porqué? y le pedía que se quedara. De una y mil maneras literal. La mente es muy astuta a la hora de recrear.

Me convertí en una persona llena de rencor, con un odio que evidentemente estaba destruyendo lo poco que había quedado de pie en mi ser.

Tenía que encontrar una manera de salir de eso y entonces recordé algo que siempre me había gustado, algo que me hacía feliz de una manera que nada más puede hacerlo, al punto tal que incluso llegué a pensar en abandonar mi carrera y dedicarme a esta actividad… me refiero a la yoga.

Entonces como pude, con toda la flojera, el desánimo, con todo el pesimismo, odio, rencor, tristeza y dolor que había dentro de mi, decidí regresar a practicar yoga.

Fue muy complicado al principio. Muchos días asistía casi que a la fuerza, más que por gusto, como lo hacía antes. Otras tantas, mientras estaba tratando de concentrarme y hacer bien las posturas, los recuerdos más absurdos me llegaban de la nada y me sentía tan mal que empezaba a llorar, esperando que nadie lo notara.

De alguna manera, la yoga me hizo enfrentarme a mi misma y a esos miedos, a ese odio, a todos mis recuerdos y dejar de evadirlos. Y es que ese espacio, ese tiempo que te dedicas a ti misma, a escucharte, a reconocerte, a superarte… Ese silencio que te acompaña durante la práctica, esa falta de ruido mental es la que te lleva a conectar con tus más profundos sentimientos y fue allí donde yo encontré, en un pequeño rincón, el espacio idóneo para el perdón.

Tenía que perdonarla a ella, aceptar que se había ido, hecho su vida y que no iba a regresar. Tenía que perdonarme a mi misma (sobre todo esto) y aceptar el hecho de que mi vida había cambiado, que ahora estaba sin pareja nuevamente y que probablemente nada tenía que ver conmigo que ella hubiera decidido irse. Tenía que hallar una razón lo suficientemente egoísta (en el sentido positivo de esta palabra) para dejar de sentirme inútil, sin valía, para dejar de sentirme “la abandonada”, la pequeña ratoncita detrás de un árbol esperando para salir a hurtadillas y volver a esconderse.

Todo esto lo fui logrando poco a poco. Primero que nada, no huyendo de estos sentimientos negativos que me estaban aislando. Lidiar con mis demonios, de frente, sin barreras, sin pretextos. Lo hice.

Segundo, tenía que reconectarme con mi ser primario, volver a encontrar un propósito lo suficientemente grande como para levantarme de mi cama todos los días. Y aquí fue complicado, pues es más fácil aferrarte a que ese propósito sea una persona o un fantasma, que ser tu mismo y tu razón de estar viva. Pero también lo logré.

En fin, podría explicarles aquí paso a paso como mientras me volvía más capaz de hacer una u otra postura, mi vida fue cambiando.

Lo importante es que ya ahora puedo decir que estoy en buen camino… Me siento más feliz cada día, más relajada, más en paz y enfocada en mis sueños. Retomé algunas metas que había abandonado, pero que eran mías y sólo mías, metas que no compartía con nadie y por tanto, nadie podía quitármelas.

Volvía, junto con la yoga, a meditar y de esta manera, me volví hacía lo espiritual de una forma positiva.

Ya estoy recordando como sentirme feliz, porque realmente me siento así la mayor parte del tiempo. Ya recuerdo por que hay ciertas canciones que me ponen de buenas, y es porque, de hecho, tal cual, amo esa música y no hay manera de que al escucharla no me sienta contenta.

Ya recuerdo como es socializar, porque la gente empieza a acercarse a nuevamente a mi en busca de un consejo, o simplemente por que les agrada mi compañía y quieren platicar conmigo, saber de mi.

Hay algo hermoso en mi ser que había olvidado, que había perdido yo solita por pensar que no valía la pena, que era una persona horrible, por que (en sus propias palabras) yo “no era tan buena como pensaba”.

Y de hecho si. Tuve que demostrarme a mi que tan buena podía ser y que tan agradable y tan altruista podía ser, por que yo sabía que así habido sido siempre.

Y si, así soy yo. Me gusta dar sin esperar nada a cambio, aunque si lo pienso, en realidad, cuando a mi me gusta dar algo, sea un detalle insignificante o lo que sea, es simplemente por que esa persona a quien se lo doy, ya me da algo a cambio. Quizá sin ella saberlo o notarlo. Pero aprendí a valorar hasta la presencia de las personas. Hasta sus mínimas palabras. Sobre todo, aprendí a valorar lo que cada ser aporta a tu vida.

Y ya hablando de ese tema, creo que no puedo terminar este post sin hablar de la persona a quien más identifico como mi guía en todo este camino. Me refiero a mi maestra de yoga. Y si, en un principio me sentí muy atraída a ella únicamente por su físico (es guapísima) pero después, ahora que he tenido la oportunidad de conocerla un poco más, me doy cuenta que es muy tierna, simpática, amable, es una belleza de persona.

No se si la estoy idealizando, pero si se que lo que veo en ella me agrada y mucho. Me hace sentir en mi centro, alejada de todo lo que me daña. Desde luego, la admiro y algún día me gustaría llegar a ser como ella, siendo capaz de hacer todas esas posturas con el mínimo esfuerzo, siendo capaz de darle a las personas a mi alrededor un “algo” capaz de cambiar sus vidas.

Ya recordé como era yo… y aunque hay muchas cosas de mi que quiero cambiar, también hay muchísimas que extrañaba y ya recuerdo porque…

Ya recordé como me hacía sentir esa canción, y es exactamente igual que como me hace sentir ella cuando está cerca de mi: feliz, completa, en paz y con equilibrio.

Y es porque dentro de mi habita una mujer sensible, de buenos sentimientos. Es porque podré ser una bruja, pero también soy un hada. Y es porque puedo encontrarle lo bueno hasta lo más malo y dar de mi el 100% en cada cosa que hago. Es porque me gusta dar sin esperar nada a cambio, porque lo que tengo es demasiado y sentirme agradecida por ello es algo que es muy de mi.

Es porque nunca he dejado de ser una escritora, ni de hacer música; es porque nada logra que abandone mi sueños y puedo levantarme una y otra vez y es porque, después de todo esto, después de haberme perdido en el más oscuro de los laberintos, volví a hallar la luz, una muy brillante, una que nunca se apaga, esa es la luz que me hace ser yo.

 

 

 

 

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Mágico espíritu

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Quisiera cerrar los ojos al momento de mirarte y así. Intacto y perfecto, guardar el recuerdo de ti, para la noche, para el día que está por comenzar.

Fue una flecha directa: desde el primer segundo que te vi y ya no pude olvidarte.

Tal parece que tus dulces palabras son un hechizo y los suaves movimientos de tu cuerpo la mágica receta que sobre tu piel escribieron los sabios.

Como una pieza colocada en un museo, encerrando los secretos del pasado, esperando a ser descifrada.

No voy a dormir bien hasta no saber que tus manos van a recorrer mi cuerpo, descubriendo la esperanza de un nuevo principio, uno donde el equilibrio de tu mente sea la ley de mi existencia; uno donde la sincronía de tu energía sea la luz que guíe mis pensamientos.

Esto va más allá que cualquier cosa, mucho más lejos de lo que haya sentido antes. Esto es lo más cercano a lo real que haya imaginado.

Así que voy a cerrar mis ojos, dejaré que tu magia me alcance y mañana al amanecer, voy a volver a mirarte para por siempre conservarte así, intacta y perfecta en mi corazón.

 

 

 

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No me gustan las chicas…

Pero hace un tiempo te comencé a notar.

De entre las miles de personas que veo cada día, de momento me pareciste peculiar.

Será que llevo mucho tiempo sin tener novio o que realmente nunca tuve suerte con los hombres, pero justo ahora no dejo de pensar en ti.

Me pareces increíblemente femenina y eso sin duda hace ruido en mi corazón. Corazón que lleva tanto tiempo dormido, dominado de nacimiento, guiado por voces ajenas.

Hoy parece que escucho la propia… repitiendo tu nombre una y otra vez.

Tal como la primera vez que te escuché hablar: tu voz delicada, tu sonrisa sincera, ese perfume que se impregnó hasta mi respiración y cada vez que lo recuerdo, recuerdo el oleaje en tu cabello largo, las curvas en tu cuerpo, el tono de tu piel.

No me gustan las chicas… pero tu me pareces tremendamente atractiva.

Te veo ahí a lo lejos como escondiéndote no se de quién, no se de que. Y es que en tu rostro se dibuja una cierta inocencia que jamás hubiera notado en nadie más. Y no puedo dejar de mirarte.

Entre uno y otro obstáculo renaces, entre uno y otro humano, tu brillas. Me atraes, me atrapas y de repente me hablas.

Pareces tímida pero a la vez segura. Hablas bajito pero a la vez me dices muchas cosas. Te ríes, te agarras la mano izquierda con la derecha, pareces tímida y a la vez segura de lo que haces…. Tanto que no puedo hacer más que pensar que quizá también tu piensas en mi.

Que esas tantas veces que nuestras miradas se han cruzado no ha sido coincidencia, que el hecho de que me hablas a mi y no a cualquiera otra, no es por una razón insignificante.

No estoy segura de nada, ni siquiera se si volveré a verte o volverás a hablarme, si regresarás aquí o te irás lejos.

Pero… ¿porqué siquiera pienso en eso? Me desconozco a mi misma, no se quien soy. Y yo creo que hoy más que otros días, más que toda mi entera vida, empiezo a reconocer algo dentro de mi que me pertenece más que toda mi existencia…

Esta tarde te apareciste frente a mi e intercambiamos unas cuantas palabras. Fue todo muy confuso. No estoy segura de que pasó, pero creo que me invitaste a salir y yo sólo acerté a decirte no gracias… no me gustan las chicas.

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¿Demasiado buena o idiota sin fin?

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¿Alguna vez has sentido que hieres a alguien con tus actos? ¿Qué pasó cuando te diste cuenta? ¿Cambiaste o seguiste?

Muchas veces he pensado en mi vida. A veces me siento como una idiota, sé que a veces lo soy.

Desgraciadamente en este planeta se confunde la bondad con la estupidez.

La gente viva no tarda en darse cuenta cuando se encuentran ante un corazón bondadoso, por tanto fácil de destruir, manipular, dañar y engañar.

Es el camino fácil. ¿Porqué no hacerlo de otra manera?. No lo sé.

A los humanos nos gusta sabernos con más poder, con más ases bajo la manga, con cierta ventaja ante el otro y cuando nos descubrimos poseedores de cualquiera de esas ‘cualidades’ no dudamos en usarlas.Eso sería lo complicado.

Tantas veces me he encontrado con la oportunidad de hacer daño a quienes me han hecho daño a mi… Pero siempre me he rehusado a ello. Principalmente porque me pregunto ¿qué ganaría?. Quizá de momento, esa extraña y agradable sensación que genera la venganza y que después se convierte en arrepentimiento.

 No quiero vivir así. Siempre he buscado la bondad en mis actos. Vaya que me gusta pensar de mí misma que soy una buena persona. Y en general creo que lo he logrado, creo que es las percepción que la mayoría de las personas tienen de mi.

Si, no puedo ir por la vida presumiendo que he roto muchos corazones, que mucha gente ha llorado por mi, no puedo decir que alguien ha caído en desgracia desde que le dejé… No soy alguien que presuma de poder sobre los demás, ni de mejores cosas, mejor vida o más lujos. No tengo el mejor puesto en mi trabajo, ni vida más envidiable.

Pero si de algo puedo presumir y sentirme tranquila, es que siempre me he dirigido en la vida bajo un manto de bondad y una muy rigurosa y auto-impuesta ley de “no dañar”.

En ocasiones yo sé que esto es imposible, digo, no estamos en la mente de los demás para manipular lo que piensan de nosotros, pero en general he seguido ciertas normas que me hacen presumir ser una ‘buena persona’.

Digo, en mis manos he tenido la oportunidad de hacer daño, de herir, de llevar las cosas al extremo y destruir… Pero no las he tomado. Siempre lo dejo pasar.

Y quiero seguir así el resto de mi vida, aunque ello signifique que a ojos de otros sea una mujer débil, tonta, manipulable, fácil de dañar, alguien a quien se le miente con facilidad… Bueno, no me importa ser la comidilla de los demás.

 Mi consciencia es algo demasiado valioso para mí, un tesoro que no pienso poner en subasta por un par de actos que al final podrían dejarme más vacía que contenta.
 No dudo que haya gente que encuentra algo fascinante en dañar al prójimo, incluso que entre más cercana y más amor demuestre por ellos la persona, más excitante encuentran la posibilidad de chingarlos.
 No se, de mi ex incluso pienso que quería mostrarme que ‘ser buena’ no era una cualidad, sino un defecto. Y es que ella siempre me insistió en que preservar ese valor era algo insignificante en un mundo donde joder al prójimo es casi que un deporte.

Y ni que dudarlo después de todo lo que ella me hizo pasar. Hoy no me queda ni la menor duda de que en sus ojos y su corazón no hay ni la mínima cabida para el arrepentimiento por dañar al prójimo. Bueno, creo que hasta encuentra ella cierto placer en los efectos que va causando a su paso, cuál un verdadero y destructivo huracán.

 Lo extraño es que no creo que sea la única persona con esas características. Hay más seres que se pavonean hablando de cómo dañando a alguien más consiguieron lo que tienen, como pasando encima de otros lograron sus objetivos, de cómo minimizando y haciendo a un lado los sentimientos llegaron a dónde están.
No se, no quiero ponerme moralista. Creo que dentro de todos nosotros existe aunque sea pequeño y recóndito, un ‘algo’ que nos dice que está ‘bien’ y que está ‘mal’.Son conceptos universales en general.
 No podemos escapar de esa delicada voz que intenta llevarnos por un camino de decencia, aunque sí podemos evadirla, toda la vida si queremos, si nos lo proponemos.

Al final en la mente de mi ex se dibuja la idea de que ella es como un ángel y el pasado no importa, si no lo que la gente piensa de ella ahora.

Yo intento seguir por este camino. Podría desviarme y pagar con la misma moneda a todos y todas aquellas que me han herido, pero sinceramente no creo que ninguno o ninguna valga más que la tranquilidad de mi consciencia, que mi pequeño orgullo de poder decir con todas sus letras y sin duda alguna, que todo lo que he hecho, sin excepción, ha sido un acto de amor y por tanto de bondad, lo cual a fin de cuentas me hace poder decir  que ‘soy una buena persona’ y para mí nada es más valioso que eso.

Criaturas nocturnas

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Sólo me he encontrado contigo un par de veces. No sé si llamarlo destino o simplemente casualidad.

Dos lugares completamente diferentes y tan alejados uno del otro que yo jamás hubiera imaginado volverte a ver.

Somos un par de criaturas nocturnas y solitarias que caminan al mismo rumbo cada noche.

Cada vez que te encuentro me atraes un poco más.

Hoy te vi pasar con un cigarro en la mano y la mirada en el piso. Tu silueta se dibuja en medio de la noche y por un momento siento una recién descubierta necesidad de ir hacia ti, de sentirte cerca, de escuchar tu voz.

He sentido tu mirada entre nerviosa y cálida sobre mi. No puedo leerte. No sé si te doy miedo o intentas acercarte a mí.

Pero me subí tan rápido al taxi que al desaparecer entre la niebla perdí tus ojos y esa sensación se desvaneció. Fue un segundo, un respiro.

Un momento que dejé pasar para siempre o sólo por unos días más.

Pero te volví a encontrar y la luz se ha vuelto a encender dentro de mi. No puedo mentir, me provocas una ilusión desconocida, casi infantil.

Somos criaturas de la noche y no lo podemos negar.

Nos movemos sigilosas, solitarias, nuestro mejor amigo es un teléfono o un iPod en la mano.

Pero por alguna extraña razón que voy a descubrir nos encontramos otra vez, aquí, en medio de la nada, en medio de la noche, la siempre solitaria y para nosotras conocida noche.

La misma distancia

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Estás a una llamada de distancia de mi. Quizá físicamente estás más lejos, pero en cualquier momento, con solo apretar un botón en mi teléfono puedo tenerte de regreso a mi vida. Eso lo decido yo, no tu.

Por otro lado, hoy no quiero tocar ese teléfono si no es para responder a su llamada.

Estoy atada a ti y estoy atada a ella.

Tú eres mi irremediable pasado, la soga que me detiene de volar. Ella es mi anhelo de futuro, ese al que aún no estoy segura de poder llegar. Mi vida se detuvo en algún punto entre tú y ella.

Al principio creí que iba a ser fácil, las cosas parecían ir bien. Si solía extrañarte pero a la vez seguí con mi vida y fue cuando la conocí. De pronto el dolor, la desesperanza y el miedo se empezaron a difuminar. Una nueva ilusión abrigó mi corazón y mi alma.

Alrededor de su sensual mirada dejé el trazo seguro del amor, con cada paso, con cada palabra. Y pronto volví a sentir la soga que sujetaba mi vida jalarme. Pero esta vez era hacia ella.

Por momentos me sentía feliz y con la ilusión palpitando en cada una de mis venas, recorriendo con tibia sangre mi frío cuerpo. Fui recuperando el color que me caracteriza: la sonrisa, el aroma, el paso, la seguridad y la estabilidad.

Un paso a la vez sobre un pantano de sueños puede ser algo peligroso, más aún cuando lo que te sostiene es un casi invisible hilo de dudas.

Aún así la enfrenté e intercambié un par de palabras que casi me dejaron respirando mi último aliento. Su voz, el canto de sirenas en la orilla de algún paraíso; su risa, la sinfonía de mil violines afinados por los mismos ángeles. Ha pasado volando el tiempo y yo aún la escucho.

Quisiera saber que fue eso que me atrajo a ti en primera instancia y al cerrar mis ojos se aparecen los tuyos con ese delineado tan perfecto, tan inolvidable. Ese halo alrededor de tu mirada que aún me cubre y empaña mi razonamiento.

Es verdad, esa tarde una fuerza más grande que yo misma se apoderó de mí y me llevó hasta ti, en modo automático.

Hablamos de algunas cosas sin sentido y después te dije directo: me gustas y quisiera salir contigo. Tu respuesta no fue un no inmediato, como yo estaba segura que sería. Pero tampoco dijiste que si.

Tuve que insistir y aún así lo único que logré fue que aceptaras pensar si quizá un día me harías el honor, te dejé mi número y regresé sonriendo a mi casa.

Hoy sigo esperando tu llamada.

Pero algo en mi mente no me deja.

Y es que cada aniversario, aunque invisible para el mundo, incluso para ti, no pasa inadvertido para mí. Si, aniversario dije.

Hace una año que me abandonaste sin mirar atrás, un año que tomaste la decisión de irte y un año de ese horrible paso que al dar despegó mi alma de mi cuerpo para llevarse mi vida entera a otra parte en donde yo no puedo verla.

Un año de caminar a ciegas sobre un terreno desconocido, un terreno de desolación y tristeza.

Pero estoy harta, esto ya es demasiado. ¿Cuánto tiempo llorarías tú por un muerto que buscó su propia muerte? ¿Y qué si eso era lo que la hacía feliz?

Es hora de recuperar mi vida y es lo que anhelo con toda mi alma… Pero esos sueños donde te apareces no me dejan y más ahora que estoy a días de cumplir un año sin tu presencia.

Algo me da miedo y me aterra pensar que un año de mi vida voló con rumbo desconocido y a un destino inexistente.

Quiero pensar que este año no pasó en vano, pero no hay nada que me de la seguridad de que así haya sido.

Hoy comencé a despertar a mi cuerpo y fue como volver a la vida. No tenía idea de lo adormecida que estaba mi conciencia. Si eso puede ayudar un poco espero no perder la paciencia.

Salí un poco de mi ratonera, me asomé al exterior y parece no ser tan malo. Si, es verdad, todo es como nuevo para mí, soy nueva en esta vida, prácticamente.

Soy una sobreviviente y la única a bordo de este tren que no quiero ver caer, no me gustaría que se fuera a descarrilar en cualquier lugar.

Por eso no sé qué hacer al estar frente al teléfono, dos llamados me aguardan.

Uno me llevará nuevamente al pasado con la certeza de que realmente no hay nada para mí ahí. Solo ilusiones que se desvanecen más rápido de lo que yo soy capaz de pensar.

El otro quizá me ayude a despertar una vez más, quizá me ayude a seguir por esa senda que ya había creido perder

El problema es que una se haya en mis manos, la otra no.

Una está a un botón de mi vida, la otra, solo en las manos del destino.

¿Qué será de mi? No quiero ser un barco a la deriva, navegando por las aguas del desierto.

Para ambas mujeres hay amor en mi corazón, pero sí para ninguna hay cabida de mis intenciones en su vida, quizá sea hora de dar un giro a la redonda y volver a buscar todo en el origen que nunca desapareció: el latido de mi propio corazón.

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Gran diferencia

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Que gran diferencia es terminar una relación a que te terminen en una relación. La gran diferencia no es ninguna ciencia, es simplemente que es una tu eres consciente de querer dejar a la persona y en la otra tienes que aceptar que la otra persona ya no quiere estar contigo. Así, sin más, sin previo aviso, sin conocimiento de causa ni de razones.

Yo he pasado por ambas experiencias y definitivamente el tener que aceptar que me terminaron ha sido la más complicada.

Yo creía que cuando algo así me sucediera sería al menos por una buena razón, una grande y definitiva razón, tipo una infidelidad, violencia o falta de atención hacia mi pareja.

El problema para mi es que yo sigo el día de hoy, a casi un año de haber sido dejada por mi ex, sin entender cual fue la causa por la que ella me dejó.
Y bueno, al menos esto hubiera sucedido de manera gradual o tan siquiera hubiera ella tenido el valor de cortarme de frente, eso habría cambiado todo.
Pero no… De alguna manera me tomo desprevenida, aunque no del todo.
Recuerdo aquél invierno cuando se fue de vacaciones con su familia y al regresar parecía una persona completamente diferente. Yo seguía igual, sin saber absolutamente nada de lo que estaba sucediendo. Entonces la esperé con mucha alegría, me di a la tarea de prepararle una cena para que cuando llegara pudiera sorprenderla y dale uno de esos detalles que a ella tanto le gustaban.
Pero cual fue mi sorpresa que a pesar de ver cierta alegría en sus ojos, mi “gran detalle” no logro conmoverla ni siquiera una cuarta parte de lo que yo habría imaginado y deseado.
Si, se comió todo lo que hice, pero ni siquiera mostró agradecimiento o algo más. Tampoco quería yo que se derritiera por mi, pero vaya que esperaba una respuesta más a su estilo, es decir, algo más efusivo y agradecido.

Pues bueno, dejé pasar ese detalle, aunque después vinieron otras cosas que ya me hacían dudar, por ejemplo que en las noches ya casi de madrugada, se quedaba con su celular viendo algo mientras yo dormía. Muchas veces le pregunté que era eso que la tenía despierta hasta las tantas de la madrugada, pero solo decía que eran vídeos. Yo igual no le creía, pero tampoco podía hacer mucho por contradecirla.

Desde ahí todo empezó a cambiar y vaya que en ese momento yo tendría que haber aceptado que el fin se acercaba, pero yo suelo ser tan tonta e ingenua que no tardé en pensar y concluir que todo esto se trataba de una etapa.
Luego llegó ese fatídico día de su graduación. Para entonces yo ya había llorado mares y mares por no saber que estaba pasando con nosotras, me sentía desolada, demasiado confundida.
Entonces si se hizo más que claro que ella ya estaba en algo más, que su mente y su tiempo ya no me pertenecían. Todo se hizo presente un día que de la nada me dijo: ya no quiero estar contigo, hace mucho que ya no quiero.

A mi esa frase me sigue causando dolor, al punto de que cuando la recuerdo inmediatamente mis lagrimas salen. Es que me lo dijo de una manera tan fría y cruel que yo no supe como interpretarlo.

De momento me puse muy triste y no dije más. Me tomo por sorpresa, me dejó en estado de shock. No sabia si eso que había dicho era verdad o simplemente estaba intentando hacerme sentir mal, o había cometido un error.

No supe nada.

Pero debí ser más lista, darme cuenta que esa era “otra señal”, una enorme señal más que debía agregar a la ya larga lista de evidencias que tenía.
Esta chica llevaba meses haciéndome saber que ya no le interesaba estar conmigo. Claro está que no es la persona más valiente, ni con más valores que yo haya conocido, pues desde luego, una persona con esas dos cualidades podría enfrentar el hecho de que quería dejar a su pareja y decírselo de frente en lugar de andarse con indirectas nivel kínder o prepri.
O quizá yo debí haber sido un poquito más cabrona, un gradito más de perra y dar una segunda lectura a todas esas actitudes que hablaban, o bueno…GRITABAN, por si solas.
Sé que me falta mucho por vivir, acabo de cumplir 30 años y tampoco he tenido tantas parejas como para decirme una experta en mujeres. Mucho menos es que me crea súper buena, pero caray que hay gente mala y cabrona.

Finalmente ella terminó por decirme sus planes de frente y yo claro intenté que los cambiara, o mejor dicho, intenté que se apegará al plan original que teníamos ya casi dos años planeando y que nos llevaría a finalmente vivir juntas en la misma ciudad. Pero no lo logré y ella siguió con ese plan que nunca supe (ni sabré) en que momento comenzó a cocinar, sin mi claro está. Ella se fue a otro país y yo me quedé con mis montones de arena entre las manos: adiós castillo, adiós princesa.

Ha pasado ya casi un año desde aquella ocasión y aún a veces me pregunto que es eso que hice tan mal ¿me merecía todo esto que me hizo sentir? Porque aún ahora sigo pensando si acaso soy yo una mala persona o que.

En fin, supongo que las cosas suceden por algo y así como hubo cosas y momentos muy malos, también ha habido otros de felicidad. Por ejemplo, conocí a una chica súper linda que me movió el tapete como hacía mucho no me pasaba y eso me llevo a realizar una de mis actividades favoritas que es escribir, y no escribí cualquier cosa, sino un libro de 21 capítulos que, a decir verdad, aun esta en proceso de escritura y edición, es decir, me falta escribir el final.
Luego me animé a invitar a salir a esta chica y aunque me dijo que no, por lo menos sentí que si un gran paso para salir de la depresión.
También he logrado bajar algunos kilos, más de cinco. Me hace lógica: subí mucho de peso estando con ella y como no iba a hacerlo, si todo el tiempo me sentía ansiosa, sin rumbo, sin nada seguro estando a su lado. Me preocupaba tanto por el futuro que cualquier presente perfecto se me escapó como agua.

Supongo que con ella aprendí más de una de esas grandes lecciones que da la vida. Es decir, probado quedó que hiciera lo que hiciera yo no podía ya intervenir en su vida, convertirme en esa persona importante que yo quería ser. No sirvió de mucho todo lo que yo intenté hacer por ella y al final no cambiamos a las personas.

De cualquier manera ella se iba a ir, ahora o después. De haberse quedado, probablemente yo iba a seguir viviendo con esa ansiedad interminable de perderla y subiendo de peso.

Ya no me preocupo por el futuro, ahora vivo enfocada en el presente y con mis metas más o menos claras. Me di cuenta que era momento de comenzar a vivir por mi sueños y estoy en camino de lograr uno muy importante.

Es verdad, a veces me siento triste, quisiera entenderlo todo pero la vida no se trata sobre explicártela, a veces trata solamente de disfrutarla y desde luego, vivirla lo mejor que se pueda y si no se pudo como yo quería, también debe haber una respuesta que estoy segura, no tardará en llegar.
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Antes que siempre

tumblr_nq6ureN0pc1rtehvwo1_500 Como te fuiste desvaneciendo de mi mente… Primero una brillante estrella, ahora un difuso punto en medio de la nada.

Y pensar que te entregué mi vida. Tal cual fuiste la dueña de cada uno de mis actos, cada uno de mis pensamientos y de prácticamente cada palabra que atravesó mi confundido cerebro. Una imagen por la mañana, un suspiro por la noche. Un latido esperanzado, una sonrisa perpetua.

Estuviste aquí, circulando por mis venas, adueñándote de mis respiraciones. Te medité, te dibujé, te convertí en mi esencia y simplemente un día te eliminé de mi sistema entero.

¿A dónde fueron a parar las palabras que no te dije, los besos que no te di, las miradas que no te dediqué?

Pequeños cuadros de papel escarlata giran a mi alrededor, es una fiesta que no alcanzo a comprender… Aún puedo ver el brillo que te rodea en cada reflejo, en cada encuentro con el sol. Dentro de mí aún cabe espacio para la duda, aún me ronda la pregunta y hoy he decidido volver a hacerla… ¿Y si me das una oportunidad antes de apagar la luz de tu vela?

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