My Own Bubble

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He escrito muchos post donde hablo de como me siento desde que terminé mi última relación, no por voluntad propia, sino por la decisión de quien era mi pareja.

He dicho que llevo mucho tiempo sintiéndome como una ratoncita, capaz únicamente de asomarse desde su escondite, ver si hay algo al exterior y en cualquier momento que algo le atemorice, volver a su madriguera.

Una ratoncita que ve con miedo total absolutamente cualquier peligro que la vida represente, y es que, realmente, vivir es un diario peligro. Vivir es ir en el borde todo el tiempo.

Pero si no te arriesgas a vivir, la vida no se va a detener por ti, el tiempo no va a dejar de pasar y simplemente te va a llegar la muerte, hayas hecho algo grande o no. Y casi siempre, para lograr algo grande, hay también que arriesgar algo de igual medida.

Pues bien, yo llevo mucho tiempo en mi ratonera, escondida del mundo exterior, pero enfrentándome a uno igual de misterioso, me refiero a mi mundo interior.

Y es que si bien las experiencias de vida que más nos marcan suceden hacia afuera, no somos pocos los que nos damos cuenta que todo esto exterior es un reflejo de como nos sentimos o quienes somos internamente.

¿De que sirve salir al mundo armados con una espada si no tenemos una buena armadura?. La espada son esas armas que tenemos y que si sabemos como, podemos utilizar perfecto para surfear por la vida sin morir en el intento, pero; ni la mejor espada y habilidades del mundo nos puede salvar la existencia como una armadura. Y la armadura es justamente esa fuerza interna que tenemos que desarrollar.

¿Cómo empiezas a lograr lo que quieres si no sabes con precisión qué es ESO que quieres? ¿Cómo caminas por un camino que no sabes como recorrer, que no estás listo para recorrer?.

No se trata de encerrarte toda la vida, pero es real que dentro de nosotros guardamos un gran cofre de valiosos secretos que son la clave de nuestra esencia real, eso que proyectamos al mundo exterior.

 

Lo que quiero tratar aquí es lo interno… el como estoy tratando de crear una armadura lo suficientemente fuerte para resistir los embates a los que seguramente me voy a tener que enfrentar al tiempo de que trato que sea tan ligera y transparente que no se vuelva imprenetrable para las personas y experiencias que si busco dejar entrar.

Es complicado. Pero voy a seguir escribiendo e intentando que me comprendan.

Hace unos días me re-encontré con una persona que me sorprendió desde la primera vez que la conocí. Ella es actriz, aunque digamos, no muy famosa como Sofía Vergara, pero localmente y con cierto sector en mi país, si es bastante conocida.

El caso es que la primera vez que la vi sólo me pareció muy guapa y la verdad es que no la recordaba actuando. Aún así me acerqué a ella por que me pareció muy atractiva y pues quise saludarla, estar cerca de ella.

Mi gran sorpresa fue esa calidez que tenia con cada una de las personas que se le acercaban, era una confianza, una apertura difícil de no notar.

Por ejemplo, aquella vez nos tomamos una foto y ella me abrazó. Ustedes dirán, eso cualquier persona lo hace. Pero yo, con toda la seguridad del mundo, puedo decirles que no, no cualquiera te abraza sin conocerte y menos con ese cariño.

Entonces quedé muy impactada con esta chica, pero ya… pasó el tiempo y no la volví a ver en la tele ni supe más nada de ella. No me puse triste ni nada, pero esa sensación que me dejó fue algo que si conservé en mi mente.

Un tiempo después y para mi sorpresa, me la encuentro random en una marcha gay y literalmente, corrí a sus brazos. No tengo idea de en que exactamente pensaba, pero si sabía que esa repentina muestra de amor no venía de la nada. Sabía que ella me iba a recibir de igual manera, y estaba tan en lo cierto, que la chica en cuestión me pegó un abrazo de esos que toda la vida recordamos.

En un momento me hizo sentir tan feliz y tan completa. De verdad fue una segunda experiencia que tampoco olvidé.

Finalmente, como les contaba, hace unos días tuve la oportunidad de verla de nuevo. Esta vez más de cerca y con menos gente entre nosotras. Al principio fue complicado acercarme a ella, pero una vez que lo hice, no fue la excepción nuestro encuentro lleno de abrazos, besos y ese cariño y ternura tan grandes que solo ella me transmite.

Me encanta esta mujer, verla siempre es abrir una caja de sorpresas y no saber cuál te vas a llevar en esa ocasión. Esta vez me dejó un regalo muy grande, enorme e invaluable.

Lo que esta chica logró fue desarmarme por completo… lean otra vez completo el inicio de este escrito. Vean como metaforizo acerca de una espada y una armadura necesarias para salir al mundo. Y una vez que lo entiendan, una vez que estén de acuerdo conmigo; una vez que hayan sacado su espada y desempolvado su armadura para salir a la batalla, quítense todo. Queden como en un principio.

Queden si gustan como ese ratoncito afuera de la madriguera o como un bebé recién nacido, como más les guste. Piensen en ese estado primario de emociones que tenemos todos por naturaleza.

Así es como me sentí con ella.

Fue como decir: guey, ¿qué demonios hago encerrada cuando afuera hay cosas tan bellas?, ¿qué demonios intento cargando a cada rincón de mi vida con una espada y una armadura que lo único que hacen es aislarme el mundo exterior, en donde, si bien hay peligros, también hay un montón de cosas buenas, bellas y nuevas esperando a ser vividas?.

Y yo sé lo que viene, lo entiendo perfectamente. Se como van a rebatir esta idea. Si, lo sé, hay personas que simplemente nos obligan a ponernos esa armadura y estar siempre con la espada en lo alto. Lo sé. Hay muchísima gente afuera esperando para atacarnos. En cualquier sentido.

Hay gente esperando a vernos débiles y llegarnos por ahí. Hay personas que constantemente nos atacan y si, a veces tenemos que defendernos. Hay otros muchos que nos harán daño sin desearlo, sin tener conciencia de ello.

Si, así es la vida. No voy a negarlo.

Pero ¿hasta cuando nos vamos a poner armaduras y vamos a cargar espadas, ambos instrumentos tan pesados para vivir nuestra vida?.

Piensen en algo un poco gracioso y a la vez trágico: ¿cuántas armaduras te has puesto a lo largo de tu vida? ¿cuántas aún llevas puestas? ¿cuáles has llevado por tanto tiempo que ya ni recuerdas que llevas puestas? Simplemente sabes que nada pasa por ahi, nada entra, pero tampoco nada sale.

Ahora, ¿cuántas espadas has clavado tu? ¿cuáles te dejaron una victoria real y cuáles una efímera?.

Esto nos es un post motivacional, no estoy intentando cambiar a nadie. Simplemente trato de hacerme consciente de mi proceso, porque si, yo llevo mucho tiempo cargando con un montón de armaduras y clavando muchas espadas que nada me han dejado.

Y es verdad también que me han dado muchas estocadas, mucha gente me ha dañado, voluntaria e involuntariamente.

Y es que yo era una joven muy confiada. Recuerdo que iba por el mundo contándole mi vida a todo el que se me pusiera enfrente. Era muy alegre, no pensaba que existiera la maldad ni era consciente del daño que otro ser humano es capaz de ocasionarte.

Para mi mala suerte, hay personas que si, en efecto, son malas y quieren dañarte. PERO, también existen otro tanto (quizá la mayoría) que una vez que descubren que eres inofensivo, un buen aliado con un corazón noble, en ese momento de deshacen de cualquier cubierta y se abren contigo de la mejor manera. Una persona que te conoce bien será siempre incapaz de intentar hacerte daño. ¡¡¡Y eso es real!!! ¡¡¡Eso existe!!! Y no, esto no es un cuento de hadas.

Yo misma soy testigo de como funcionan estas cosas.
Ahora bien, volviendo un poco al asunto con esta chica, encontrarme con ella nuevamente me sirvió para 2 cosas muy importantes:

1. Volver a verla (claro, es preciosa, súper hermosa, un angel muy bello).

2. Recordar como se siente estar con alguien que va por la vida sin mayor armadura que esa capa invisible, pero segura, llamada AMOR.

Cualquier abrazo que Tan me ha dado o me vuelva a dar (espero que sean todavía muchos más), se sienten tan llenos de paz, es que es real cuando les digo que literalmente te deja atravesar su burbuja y te sientes completamente envuelta por su amor.

Que extraño es ¿no? Que una persona a quien apenas podría decirse que conozco, a quien no he visto más que un par de veces, sea capaz de transmitir sentimientos tan bellos y me haya dejado con esa experiencia tan sanadora.

Al tiempo que me encontraba con Tan, me re-encontré también con una de las personas que más herida me han dejado. Ella fue una espada que literalmente me atravesó de lado a lado y por todas las capas de mi vida (cuerpo, mente, alma). Para no hacerla larga, les diré que si, estoy hablando de aquella persona por quien me encerré todo este último año.

No es mala persona, no lo es. Pero… lleva puestas tantas armaduras y carga con tantas espadas, que además de no saber cual de todas sus armas va a usar contra ti y en que momento va a atacar, yo al menos ya no soy capaz de acercarme a ella y verla por debajo, como pienso (quizá recuerdo) que realmente es.

Siempre ella ha sido así. Yo aquí no estoy para juzgar a nadie, como diciendo que soy perfecta y no tengo inseguridades, pero al menos intento que estas no sean las que moldean mi vida.

Y hemos llegado a la clave de todo, aquí el meollo de este escrito: si lo piensan, la verdad es que la personas que más nos atacan, son quienes viven con más armaduras (algunas colocadas bajo llave).

Piénsenlo: esas personas que son siempre las primeras en sacar la espada ¿no son acaso quienes se sienten más descubiertos, en peligro, más intimidados de que seas tu quien ataque primero? ¿acaso no son esas personas las mismas que más armaduras cargan? ¿a las que es mucho más difícil llegarles?.

No importa, no podemos cambiar a nadie. Lo aceptamos como es o les dejamos.

PERO, lo importante de todo esto es que si podemos cambiar al ser más importante: a nosotros mismos.

Yo quiero ser como Tania. Quiero que la gente me recuerde por que abrazo rico, por que les hago sentir queridos y valorados, por que puedo darles un buen consejo cuando lo necesitan sin atacarlos o juzgarlos a cambio. Quiero llegar sin armaduras ni caparazones ni espadas. Quiero envolverme en una burbuja protectora de amor y protección divina, segura, pero incapaz de dañar a nadie. Y que cuando alguien se acerque con necesidad, ser capaz de envolverl@ junto conmigo.

Así era yo. Y si, a veces no me salió tan bien, pues resulta que de hecho, aún la gente sabiendo que soy inofensiva (en la mayoría de las ocasiones, tampoco digo que sea una perita en dulce) han sabido como atacarme.

Y si, eso me hizo comenzar a cargar con armaduras y demás cosas que no van conmigo.

Yo pienso que hay que viajar ligeros por el mundo, en todo sentido. Nunca sabes cuando vas a necesitar espacio libre, o poco peso, o un lugar reservado…

Ahora soy incapaz de atravesar el ancho muro que esta persona construyó entre ella y yo, y lo sé, es imposible que ella vuelva a verme como en un principio. Hay muchas cosas de por medio. Pero aún así, mis puertas siguen abiertas por si algún día ella reconoce que no es necesario enfrentarse a mi de esa manera y que de hecho, entre más logre abrirse conmigo, más recibirá a cambio.

Yo por mi parte, ahora que pasé un buen tiempo encerrada en mi caparazón y que, no les miento, me era muy necesario y me sirvió para muchas cosas, creo que estoy lista para salir y de una vez, dejar toda armadura y sobre todo, dejar cada espada que en su momento creí necesaria, para salir sólo envuelta con esa delgada burbuja que deje otra vez ver al mundo quien soy yo de verdad.

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No estoy congelada

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No están mis venas vacías, ni mi corazón detenido.

No hay frío en mi alma, ni soledad en mis pensamientos.

Lo se porque hoy volví a sentir el fuego encendiendo mi apagada vida. Con un beso tuyo. Un sólo beso.

Tus labios se acercaron hasta mi mejilla y ese simple acto destrozó en segundos una barrera que llevo años cargando.

La calidez de tu cuerpo, el sudor que humedece tu espalda y el aroma que me envuelve en tus brazos, en ese eterno abrazo que funde los límites de mi ser con el tuyo; sólo aquí fui capaz de encontrarme otra vez.

Con tu ser, con tu amor. Ese amor que sólo tu puedes entregar y que encapsula hasta el más mínimo miedo que me atormenta. Lo aisla y simplemente se lo lleva, flotando, en el espacio… lejos de ti, pero sobre todo, lejos de mi.

Y no se cuando volveré a verte… pero mientras guardaré el recuerdo de tu voz endulzando el espacio, de tus movimientos dibujando la silueta de lo perfecto; haré una escultura invisible con la ternura que me haces sentir, con el detalle de tus labios y el brillo de tus ojos.

Voy a guardar tu recuerdo en una fotografía que llevaré conmigo a toda partes, incluso a mi solitario espacio, el cual hoy con tu evanescente presencia se siente menos vacío, menos frío, mucho menos intacto.

 

 

 

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Mixed signals

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Soy muy de creer en que la vida nos va dejando señales cuando tenemos un problema que no sabemos como resolver.

Alguna vez mi escritora favorita me habló de como, cuando llevaba su libro a que lo leyera una persona que lo pudiera publicar, todos los semáforos que encontró en el camino estaban en verde. Y al final, ese día ella logró acordar con la editorial que publicó su escrito por primera vez.

¿Esto les suena demasiado extraño? A mi no. De hecho, me parece absurdamente lógico. Y es que solemos estar tan ensimismados, tan profundamente perdidos en nuestros pequeños universos, que realmente olvidamos que sólo somos parte de uno mucho más grande e infinito.

Es decir, cuando pensamos en algo, en equis situación, estamos creando un tipo de energía que de una manera u otra afecta la totalidad del Universo, aunque no seamos consientes de ello.

Por eso, cuando me siento muy perdida, muy absorbida por mis problemas, al punto tal que ya no se como solucionarlos, simplemente los suelto ahí, en la infinidad del cosmos, esperando que a cambio, el cosmos traiga ese mismo problema en forma de señal o de solución.

Varias veces me he sentido algo desesperada, que de plano ya las situaciones me sobrepasan y es cuando, poniendo un poco de atención, alcanzo a notar que la vida intenta decirme “algo” a través de sutiles o a veces muy claras señales.

Por ejemplo, cuando seguía aferrada a vivir cerca de mi ex-novia, pero lejos de donde podía hacer algo con mi vida y de repente me empezaron a llover (así, literal, “llover”) ofertas de trabajo para regresarme a mi estado y yo simplemente las ignoraba.

De cierta manera, la vida estaba tratando de decirme “no seas bruta, tu ya no tienes nada que hacer aquí; regrésate, sigue con tu vida y con tu planes, que ella ya tiene los propios y no te incluyen”.

Pero uno a veces es necio. Se ciega absurdamente. Digo, ¿para que pedir señales si luego las vamos a ignorar?.

A partir de entonces me propuse ser más receptiva, estar más abierta a este tipo de señales y algo más: me atreví a pedirlas. A Dios, al Universo, al Cosmos, a Buda o como ustedes gusten llamarle.

El caso es que a veces, cuando me siento ya rebasada por los problemas; o mejor aún, cuando siento que YA le estoy dando muchas vueltas a un mismo asunto, así vaya comenzando, en ese momento cierro mis ojos y digo: dame una señal por favor.

No se a ciencia cierta si como tal han llegado, pero creo que a veces el gesto más ridículo puede estar encubriendo una buena señal.

Por ejemplo, hace poco que me empecé a sentir atraída por mi maestra de yoga, a quien a partir de hoy llamaremos Dalila.

Bueno, pues de repente me encontré a mi misma como elucubrando ahí un buen rato un plan para acercarme a ella más (claro, lejos de la clase) como hablarle, como invitarla a salir y lo más importante, si acaso debía o no hacerlo o simplemente debía dejarla pasar.

Pues en esas estaba cuando un día, al llegar al salón fue ella (si ella) y no yo, quien comenzó la plática. Así, casual y sin grandes intenciones, fue ella quien dio ese primer paso que yo tanto miedo tenía de dar.

¿Pensarían que esto es una señal? Yo no lo sé a ciencia cierta, pero quiero pensar que si. Quiero pensar que la vida te va dejando pequeños Froot Loops en el camino para llegar a donde debes (como Sully a Boo en Monsters Inc.), para que no te pierdas tan fácilmente. La vida va prendiendo esos miles de semáforos en verde, o en rojo o en amarillo, y nosotros tendríamos que ser capaces de interpretarlos. Cuando seguir, cuando ser precavidos o cuando sencillamente detenernos.

El punto es estar siempre atentos, siempre abiertos, con nuestra mente ligera de pensamientos y de basura, para que cuando llegue la señal, estemos receptivos y podamos seguir como es mejor para nosotros.

Llámenme loca si quieren, pero al día de hoy ya cuento con un buen número de señales que me hacen pensar que quizá, y digo sólo quizá, yo tampoco le sea indiferente a Dalila.

 

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¿Cómo era yo?

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Ya les he contado aquí las historia de como tuve que hacerme a la idea de que la persona que amaba me estaba dejando. Me abandonó y no hubo vuelta atrás.

Fue un proceso bastante complicado. Como que uno no piensa que puede llegar a sufrir tanto por una x o y situación hasta que te toca vivirla.

En el camino de superar este problema, me encontré con que todo este tiempo había estado perdida y de pronto ya no sabía ni lo que quería hacer con mi vida, ni lo que quería lograr. Perdí objetivos, sueños, perdí absolutamente todo…

Y aún con esto, no me sentía tan perdida. Pero el día que ya no tenía algo que realmente me importaba, algo que me había acompañado en toda mi vida, entonces si sentí miedo.

Me refiero a mi identidad. A mi manera de ser, ese humano que conocía. Y es que no me podía reconocer a mi misma. A veces, en ciertas situaciones, ya no sabía como actuar o como reaccionar.

Por ejemplo, las veces que iba al antro. Antes encajaba perfecto. Aunque fuera sola, de repente ya estaba con un grupo de personas y como si nos conociéramos de toda la vida. Es decir, olvidé como socializar, algo que antes me salía perfecto y sin ningún esfuerzo, ¿me explico?.

Fui olvidando como acercarme a la gente, como salir y divertirme, como conocer más personas, como ser agradable y que los demás quisieran estar conmigo. Porque además parecía que ya nadie se me quería acercar, que había perdido mi mojo y simplemente regresaba a mi casa y me decía ¿quién soy? ¿Qué está pasando conmigo? ¿Porqué la gente no quiere convivir conmigo? ¿Porqué siento que todo mundo habla a mis espaldas? ¿Cómo era yo?… ¿Porqué me hacía feliz esa música? ¿Porqué parecía que le caía bien a toda la gente? ¿Porqué ya no puedo sentirme contenta y en paz como lograba hacerlo antes? ¿en quién demonios me convertí?.

Me sentí pésimo por casi un año. No me reconocía en las lágrimas, en esa tristeza extrema que no podía sacar de mi cuerpo. Pasaba las noches enteras llorando, los días completos dándole vueltas a la misma situación. Cuando me dormía la soñaba y despertaba con una ansiedad tremenda, por que también en mis sueños ella me abandonaba y yo, de una y mil maneras, le preguntaba ¿porqué? y le pedía que se quedara. De una y mil maneras literal. La mente es muy astuta a la hora de recrear.

Me convertí en una persona llena de rencor, con un odio que evidentemente estaba destruyendo lo poco que había quedado de pie en mi ser.

Tenía que encontrar una manera de salir de eso y entonces recordé algo que siempre me había gustado, algo que me hacía feliz de una manera que nada más puede hacerlo, al punto tal que incluso llegué a pensar en abandonar mi carrera y dedicarme a esta actividad… me refiero a la yoga.

Entonces como pude, con toda la flojera, el desánimo, con todo el pesimismo, odio, rencor, tristeza y dolor que había dentro de mi, decidí regresar a practicar yoga.

Fue muy complicado al principio. Muchos días asistía casi que a la fuerza, más que por gusto, como lo hacía antes. Otras tantas, mientras estaba tratando de concentrarme y hacer bien las posturas, los recuerdos más absurdos me llegaban de la nada y me sentía tan mal que empezaba a llorar, esperando que nadie lo notara.

De alguna manera, la yoga me hizo enfrentarme a mi misma y a esos miedos, a ese odio, a todos mis recuerdos y dejar de evadirlos. Y es que ese espacio, ese tiempo que te dedicas a ti misma, a escucharte, a reconocerte, a superarte… Ese silencio que te acompaña durante la práctica, esa falta de ruido mental es la que te lleva a conectar con tus más profundos sentimientos y fue allí donde yo encontré, en un pequeño rincón, el espacio idóneo para el perdón.

Tenía que perdonarla a ella, aceptar que se había ido, hecho su vida y que no iba a regresar. Tenía que perdonarme a mi misma (sobre todo esto) y aceptar el hecho de que mi vida había cambiado, que ahora estaba sin pareja nuevamente y que probablemente nada tenía que ver conmigo que ella hubiera decidido irse. Tenía que hallar una razón lo suficientemente egoísta (en el sentido positivo de esta palabra) para dejar de sentirme inútil, sin valía, para dejar de sentirme “la abandonada”, la pequeña ratoncita detrás de un árbol esperando para salir a hurtadillas y volver a esconderse.

Todo esto lo fui logrando poco a poco. Primero que nada, no huyendo de estos sentimientos negativos que me estaban aislando. Lidiar con mis demonios, de frente, sin barreras, sin pretextos. Lo hice.

Segundo, tenía que reconectarme con mi ser primario, volver a encontrar un propósito lo suficientemente grande como para levantarme de mi cama todos los días. Y aquí fue complicado, pues es más fácil aferrarte a que ese propósito sea una persona o un fantasma, que ser tu mismo y tu razón de estar viva. Pero también lo logré.

En fin, podría explicarles aquí paso a paso como mientras me volvía más capaz de hacer una u otra postura, mi vida fue cambiando.

Lo importante es que ya ahora puedo decir que estoy en buen camino… Me siento más feliz cada día, más relajada, más en paz y enfocada en mis sueños. Retomé algunas metas que había abandonado, pero que eran mías y sólo mías, metas que no compartía con nadie y por tanto, nadie podía quitármelas.

Volvía, junto con la yoga, a meditar y de esta manera, me volví hacía lo espiritual de una forma positiva.

Ya estoy recordando como sentirme feliz, porque realmente me siento así la mayor parte del tiempo. Ya recuerdo por que hay ciertas canciones que me ponen de buenas, y es porque, de hecho, tal cual, amo esa música y no hay manera de que al escucharla no me sienta contenta.

Ya recuerdo como es socializar, porque la gente empieza a acercarse a nuevamente a mi en busca de un consejo, o simplemente por que les agrada mi compañía y quieren platicar conmigo, saber de mi.

Hay algo hermoso en mi ser que había olvidado, que había perdido yo solita por pensar que no valía la pena, que era una persona horrible, por que (en sus propias palabras) yo “no era tan buena como pensaba”.

Y de hecho si. Tuve que demostrarme a mi que tan buena podía ser y que tan agradable y tan altruista podía ser, por que yo sabía que así habido sido siempre.

Y si, así soy yo. Me gusta dar sin esperar nada a cambio, aunque si lo pienso, en realidad, cuando a mi me gusta dar algo, sea un detalle insignificante o lo que sea, es simplemente por que esa persona a quien se lo doy, ya me da algo a cambio. Quizá sin ella saberlo o notarlo. Pero aprendí a valorar hasta la presencia de las personas. Hasta sus mínimas palabras. Sobre todo, aprendí a valorar lo que cada ser aporta a tu vida.

Y ya hablando de ese tema, creo que no puedo terminar este post sin hablar de la persona a quien más identifico como mi guía en todo este camino. Me refiero a mi maestra de yoga. Y si, en un principio me sentí muy atraída a ella únicamente por su físico (es guapísima) pero después, ahora que he tenido la oportunidad de conocerla un poco más, me doy cuenta que es muy tierna, simpática, amable, es una belleza de persona.

No se si la estoy idealizando, pero si se que lo que veo en ella me agrada y mucho. Me hace sentir en mi centro, alejada de todo lo que me daña. Desde luego, la admiro y algún día me gustaría llegar a ser como ella, siendo capaz de hacer todas esas posturas con el mínimo esfuerzo, siendo capaz de darle a las personas a mi alrededor un “algo” capaz de cambiar sus vidas.

Ya recordé como era yo… y aunque hay muchas cosas de mi que quiero cambiar, también hay muchísimas que extrañaba y ya recuerdo porque…

Ya recordé como me hacía sentir esa canción, y es exactamente igual que como me hace sentir ella cuando está cerca de mi: feliz, completa, en paz y con equilibrio.

Y es porque dentro de mi habita una mujer sensible, de buenos sentimientos. Es porque podré ser una bruja, pero también soy un hada. Y es porque puedo encontrarle lo bueno hasta lo más malo y dar de mi el 100% en cada cosa que hago. Es porque me gusta dar sin esperar nada a cambio, porque lo que tengo es demasiado y sentirme agradecida por ello es algo que es muy de mi.

Es porque nunca he dejado de ser una escritora, ni de hacer música; es porque nada logra que abandone mi sueños y puedo levantarme una y otra vez y es porque, después de todo esto, después de haberme perdido en el más oscuro de los laberintos, volví a hallar la luz, una muy brillante, una que nunca se apaga, esa es la luz que me hace ser yo.

 

 

 

 

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Sorpréndeme

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Me gustaste desde el primer momento que te vi.

Quizá fue que tengo cierta predisposición a enamorarme de figuras de autoridad (léase maestras) o simplemente fue que te encontré en un momento de mi vida en que realmente necesitaba sentir una energía diferente, algo parecido a lo que tu vibras.

El caso es que todo iba bien, me gustabas, pero era algo que podía controlar. Y un día todo valió madres: fue cuando te tuve más cerca y pude admirar tus ojos.

Definitivamente tu mirada me cautivó, me dijo cosas que antes no había ni siquiera notado. Me pareciste muy tierna, teniendo un toque infantil en tu sonrisa y en tus actos.

Me gustas mucho. Eres atractiva, tienes un cuerpo que yo describiría como perfecto, una vibra muy linda; eres simpática, amable y detallista. Me gusta esa ternura recién descubierta y a la vez desbordas una gran sensualidad que a fin de cuentas es lo único que puedo decir al 100% me atrae de ti.

Ahora se que tienes un hijo y no se nada más de ti.

No es algo que me asuste. Siempre he querido ser mamá y sin embargo, pocas veces me he imaginado a mi misma dando a luz a un hijo propio. Entonces no me molesta en absoluto eso en ti, al contrario, también es algo que me gusta.

Amo tus clases. Al principio fue muy complicado adaptarme a tu ritmo, a tus rutinas. Hoy es un poco más sencillo y eso en gran parte tiene que ver con el hecho de que me gustas. Sin duda alguna.

Si no fueras tu mi maestra (y digo maestra así con todas sus letras, por que si, además tienes mi admiración y respeto por esa dedicación y empeño en tus clases) estoy segura que ya habría desistido desde hace mucho.

Sólo se que no estás en mi vida por casualidad. Pude haber elegido otro colegio y elegí este. Pude haber ido cualquier otro día de la semana y escogí este específico, que es cuando tu das clases.

Me gustas demasiado y me gusta que todo esto ya salió “de control”. Pienso en ti y sonrío. Hablo de ti y me descubro especialmente feliz. Cambiaste el sentido de mi vida y yo creo que sin siquiera buscarlo. Ni yo lo hacía.

Todo suena demasiado perfecto, el problema es que en realidad no estoy segura de querer tener una relación en este momento de mi vida.

No es el momento de hablarlo extensamente, pero vienen eventos en mi vida los cuales no quiero pasar atada a nadie. Quiero sentirme libre. Y a la vez quiero estar contigo.

Cada vez pienso más en como sería darte un beso, salir contigo, pasar el tiempo a tu lado. Me encantaría conocerte más, que tu me conocieras mejor y sobre todo, me muero por hacerte el amor.

Y es que realmente, tu cuerpo no es algo que pueda ignorar, algo que pueda pasar de largo fácilmente. Tienes una figura muy femenina y demasiado sensual.

Todo esto es complicado. Pero en realidad eso se reduce a nada si me vuelvo a plantear la idea seria de ser tu novia. Resulta ser mucho más sencillo que otra cosa.

Sin embargo sigo pensando en mi última relación. No terminó bien. Y no quisiera que ahora pasara lo mismo.

Pero en dado caso que llegáramos a ser novias, sólo te pediría una cosa: sorpréndeme, pon a prueba mi resistencia.

Quiero decir, ya pasé por un dolor muy grande que es perder de pronto y sin yo esperarlo a una de las personas que más he amado en mi vida.

¿Qué serías capaz de hacerme tu? ¿Me vas a cambiar por un hombre? ¿Me dejarás acercarme a tu hijo y después simplemente te lo vas a llevar lejos? ¿De qué eres capaz?

O tal vez seas diferente y aquí es donde viene lo interesante. Quizá tu manera de sorprenderme será tratándome con una infinita y desconocida ternura.

O quizá, simplemente te deje pasar de largo en mi vida…

 

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Mágico espíritu

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Quisiera cerrar los ojos al momento de mirarte y así. Intacto y perfecto, guardar el recuerdo de ti, para la noche, para el día que está por comenzar.

Fue una flecha directa: desde el primer segundo que te vi y ya no pude olvidarte.

Tal parece que tus dulces palabras son un hechizo y los suaves movimientos de tu cuerpo la mágica receta que sobre tu piel escribieron los sabios.

Como una pieza colocada en un museo, encerrando los secretos del pasado, esperando a ser descifrada.

No voy a dormir bien hasta no saber que tus manos van a recorrer mi cuerpo, descubriendo la esperanza de un nuevo principio, uno donde el equilibrio de tu mente sea la ley de mi existencia; uno donde la sincronía de tu energía sea la luz que guíe mis pensamientos.

Esto va más allá que cualquier cosa, mucho más lejos de lo que haya sentido antes. Esto es lo más cercano a lo real que haya imaginado.

Así que voy a cerrar mis ojos, dejaré que tu magia me alcance y mañana al amanecer, voy a volver a mirarte para por siempre conservarte así, intacta y perfecta en mi corazón.

 

 

 

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No me gustan las chicas…

Pero hace un tiempo te comencé a notar.

De entre las miles de personas que veo cada día, de momento me pareciste peculiar.

Será que llevo mucho tiempo sin tener novio o que realmente nunca tuve suerte con los hombres, pero justo ahora no dejo de pensar en ti.

Me pareces increíblemente femenina y eso sin duda hace ruido en mi corazón. Corazón que lleva tanto tiempo dormido, dominado de nacimiento, guiado por voces ajenas.

Hoy parece que escucho la propia… repitiendo tu nombre una y otra vez.

Tal como la primera vez que te escuché hablar: tu voz delicada, tu sonrisa sincera, ese perfume que se impregnó hasta mi respiración y cada vez que lo recuerdo, recuerdo el oleaje en tu cabello largo, las curvas en tu cuerpo, el tono de tu piel.

No me gustan las chicas… pero tu me pareces tremendamente atractiva.

Te veo ahí a lo lejos como escondiéndote no se de quién, no se de que. Y es que en tu rostro se dibuja una cierta inocencia que jamás hubiera notado en nadie más. Y no puedo dejar de mirarte.

Entre uno y otro obstáculo renaces, entre uno y otro humano, tu brillas. Me atraes, me atrapas y de repente me hablas.

Pareces tímida pero a la vez segura. Hablas bajito pero a la vez me dices muchas cosas. Te ríes, te agarras la mano izquierda con la derecha, pareces tímida y a la vez segura de lo que haces…. Tanto que no puedo hacer más que pensar que quizá también tu piensas en mi.

Que esas tantas veces que nuestras miradas se han cruzado no ha sido coincidencia, que el hecho de que me hablas a mi y no a cualquiera otra, no es por una razón insignificante.

No estoy segura de nada, ni siquiera se si volveré a verte o volverás a hablarme, si regresarás aquí o te irás lejos.

Pero… ¿porqué siquiera pienso en eso? Me desconozco a mi misma, no se quien soy. Y yo creo que hoy más que otros días, más que toda mi entera vida, empiezo a reconocer algo dentro de mi que me pertenece más que toda mi existencia…

Esta tarde te apareciste frente a mi e intercambiamos unas cuantas palabras. Fue todo muy confuso. No estoy segura de que pasó, pero creo que me invitaste a salir y yo sólo acerté a decirte no gracias… no me gustan las chicas.

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¿Demasiado buena o idiota sin fin?

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¿Alguna vez has sentido que hieres a alguien con tus actos? ¿Qué pasó cuando te diste cuenta? ¿Cambiaste o seguiste?

Muchas veces he pensado en mi vida. A veces me siento como una idiota, sé que a veces lo soy.

Desgraciadamente en este planeta se confunde la bondad con la estupidez.

La gente viva no tarda en darse cuenta cuando se encuentran ante un corazón bondadoso, por tanto fácil de destruir, manipular, dañar y engañar.

Es el camino fácil. ¿Porqué no hacerlo de otra manera?. No lo sé.

A los humanos nos gusta sabernos con más poder, con más ases bajo la manga, con cierta ventaja ante el otro y cuando nos descubrimos poseedores de cualquiera de esas ‘cualidades’ no dudamos en usarlas.Eso sería lo complicado.

Tantas veces me he encontrado con la oportunidad de hacer daño a quienes me han hecho daño a mi… Pero siempre me he rehusado a ello. Principalmente porque me pregunto ¿qué ganaría?. Quizá de momento, esa extraña y agradable sensación que genera la venganza y que después se convierte en arrepentimiento.

 No quiero vivir así. Siempre he buscado la bondad en mis actos. Vaya que me gusta pensar de mí misma que soy una buena persona. Y en general creo que lo he logrado, creo que es las percepción que la mayoría de las personas tienen de mi.

Si, no puedo ir por la vida presumiendo que he roto muchos corazones, que mucha gente ha llorado por mi, no puedo decir que alguien ha caído en desgracia desde que le dejé… No soy alguien que presuma de poder sobre los demás, ni de mejores cosas, mejor vida o más lujos. No tengo el mejor puesto en mi trabajo, ni vida más envidiable.

Pero si de algo puedo presumir y sentirme tranquila, es que siempre me he dirigido en la vida bajo un manto de bondad y una muy rigurosa y auto-impuesta ley de “no dañar”.

En ocasiones yo sé que esto es imposible, digo, no estamos en la mente de los demás para manipular lo que piensan de nosotros, pero en general he seguido ciertas normas que me hacen presumir ser una ‘buena persona’.

Digo, en mis manos he tenido la oportunidad de hacer daño, de herir, de llevar las cosas al extremo y destruir… Pero no las he tomado. Siempre lo dejo pasar.

Y quiero seguir así el resto de mi vida, aunque ello signifique que a ojos de otros sea una mujer débil, tonta, manipulable, fácil de dañar, alguien a quien se le miente con facilidad… Bueno, no me importa ser la comidilla de los demás.

 Mi consciencia es algo demasiado valioso para mí, un tesoro que no pienso poner en subasta por un par de actos que al final podrían dejarme más vacía que contenta.
 No dudo que haya gente que encuentra algo fascinante en dañar al prójimo, incluso que entre más cercana y más amor demuestre por ellos la persona, más excitante encuentran la posibilidad de chingarlos.
 No se, de mi ex incluso pienso que quería mostrarme que ‘ser buena’ no era una cualidad, sino un defecto. Y es que ella siempre me insistió en que preservar ese valor era algo insignificante en un mundo donde joder al prójimo es casi que un deporte.

Y ni que dudarlo después de todo lo que ella me hizo pasar. Hoy no me queda ni la menor duda de que en sus ojos y su corazón no hay ni la mínima cabida para el arrepentimiento por dañar al prójimo. Bueno, creo que hasta encuentra ella cierto placer en los efectos que va causando a su paso, cuál un verdadero y destructivo huracán.

 Lo extraño es que no creo que sea la única persona con esas características. Hay más seres que se pavonean hablando de cómo dañando a alguien más consiguieron lo que tienen, como pasando encima de otros lograron sus objetivos, de cómo minimizando y haciendo a un lado los sentimientos llegaron a dónde están.
No se, no quiero ponerme moralista. Creo que dentro de todos nosotros existe aunque sea pequeño y recóndito, un ‘algo’ que nos dice que está ‘bien’ y que está ‘mal’.Son conceptos universales en general.
 No podemos escapar de esa delicada voz que intenta llevarnos por un camino de decencia, aunque sí podemos evadirla, toda la vida si queremos, si nos lo proponemos.

Al final en la mente de mi ex se dibuja la idea de que ella es como un ángel y el pasado no importa, si no lo que la gente piensa de ella ahora.

Yo intento seguir por este camino. Podría desviarme y pagar con la misma moneda a todos y todas aquellas que me han herido, pero sinceramente no creo que ninguno o ninguna valga más que la tranquilidad de mi consciencia, que mi pequeño orgullo de poder decir con todas sus letras y sin duda alguna, que todo lo que he hecho, sin excepción, ha sido un acto de amor y por tanto de bondad, lo cual a fin de cuentas me hace poder decir  que ‘soy una buena persona’ y para mí nada es más valioso que eso.

Criaturas nocturnas

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Sólo me he encontrado contigo un par de veces. No sé si llamarlo destino o simplemente casualidad.

Dos lugares completamente diferentes y tan alejados uno del otro que yo jamás hubiera imaginado volverte a ver.

Somos un par de criaturas nocturnas y solitarias que caminan al mismo rumbo cada noche.

Cada vez que te encuentro me atraes un poco más.

Hoy te vi pasar con un cigarro en la mano y la mirada en el piso. Tu silueta se dibuja en medio de la noche y por un momento siento una recién descubierta necesidad de ir hacia ti, de sentirte cerca, de escuchar tu voz.

He sentido tu mirada entre nerviosa y cálida sobre mi. No puedo leerte. No sé si te doy miedo o intentas acercarte a mí.

Pero me subí tan rápido al taxi que al desaparecer entre la niebla perdí tus ojos y esa sensación se desvaneció. Fue un segundo, un respiro.

Un momento que dejé pasar para siempre o sólo por unos días más.

Pero te volví a encontrar y la luz se ha vuelto a encender dentro de mi. No puedo mentir, me provocas una ilusión desconocida, casi infantil.

Somos criaturas de la noche y no lo podemos negar.

Nos movemos sigilosas, solitarias, nuestro mejor amigo es un teléfono o un iPod en la mano.

Pero por alguna extraña razón que voy a descubrir nos encontramos otra vez, aquí, en medio de la nada, en medio de la noche, la siempre solitaria y para nosotras conocida noche.

La misma distancia

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Estás a una llamada de distancia de mi. Quizá físicamente estás más lejos, pero en cualquier momento, con solo apretar un botón en mi teléfono puedo tenerte de regreso a mi vida. Eso lo decido yo, no tu.

Por otro lado, hoy no quiero tocar ese teléfono si no es para responder a su llamada.

Estoy atada a ti y estoy atada a ella.

Tú eres mi irremediable pasado, la soga que me detiene de volar. Ella es mi anhelo de futuro, ese al que aún no estoy segura de poder llegar. Mi vida se detuvo en algún punto entre tú y ella.

Al principio creí que iba a ser fácil, las cosas parecían ir bien. Si solía extrañarte pero a la vez seguí con mi vida y fue cuando la conocí. De pronto el dolor, la desesperanza y el miedo se empezaron a difuminar. Una nueva ilusión abrigó mi corazón y mi alma.

Alrededor de su sensual mirada dejé el trazo seguro del amor, con cada paso, con cada palabra. Y pronto volví a sentir la soga que sujetaba mi vida jalarme. Pero esta vez era hacia ella.

Por momentos me sentía feliz y con la ilusión palpitando en cada una de mis venas, recorriendo con tibia sangre mi frío cuerpo. Fui recuperando el color que me caracteriza: la sonrisa, el aroma, el paso, la seguridad y la estabilidad.

Un paso a la vez sobre un pantano de sueños puede ser algo peligroso, más aún cuando lo que te sostiene es un casi invisible hilo de dudas.

Aún así la enfrenté e intercambié un par de palabras que casi me dejaron respirando mi último aliento. Su voz, el canto de sirenas en la orilla de algún paraíso; su risa, la sinfonía de mil violines afinados por los mismos ángeles. Ha pasado volando el tiempo y yo aún la escucho.

Quisiera saber que fue eso que me atrajo a ti en primera instancia y al cerrar mis ojos se aparecen los tuyos con ese delineado tan perfecto, tan inolvidable. Ese halo alrededor de tu mirada que aún me cubre y empaña mi razonamiento.

Es verdad, esa tarde una fuerza más grande que yo misma se apoderó de mí y me llevó hasta ti, en modo automático.

Hablamos de algunas cosas sin sentido y después te dije directo: me gustas y quisiera salir contigo. Tu respuesta no fue un no inmediato, como yo estaba segura que sería. Pero tampoco dijiste que si.

Tuve que insistir y aún así lo único que logré fue que aceptaras pensar si quizá un día me harías el honor, te dejé mi número y regresé sonriendo a mi casa.

Hoy sigo esperando tu llamada.

Pero algo en mi mente no me deja.

Y es que cada aniversario, aunque invisible para el mundo, incluso para ti, no pasa inadvertido para mí. Si, aniversario dije.

Hace una año que me abandonaste sin mirar atrás, un año que tomaste la decisión de irte y un año de ese horrible paso que al dar despegó mi alma de mi cuerpo para llevarse mi vida entera a otra parte en donde yo no puedo verla.

Un año de caminar a ciegas sobre un terreno desconocido, un terreno de desolación y tristeza.

Pero estoy harta, esto ya es demasiado. ¿Cuánto tiempo llorarías tú por un muerto que buscó su propia muerte? ¿Y qué si eso era lo que la hacía feliz?

Es hora de recuperar mi vida y es lo que anhelo con toda mi alma… Pero esos sueños donde te apareces no me dejan y más ahora que estoy a días de cumplir un año sin tu presencia.

Algo me da miedo y me aterra pensar que un año de mi vida voló con rumbo desconocido y a un destino inexistente.

Quiero pensar que este año no pasó en vano, pero no hay nada que me de la seguridad de que así haya sido.

Hoy comencé a despertar a mi cuerpo y fue como volver a la vida. No tenía idea de lo adormecida que estaba mi conciencia. Si eso puede ayudar un poco espero no perder la paciencia.

Salí un poco de mi ratonera, me asomé al exterior y parece no ser tan malo. Si, es verdad, todo es como nuevo para mí, soy nueva en esta vida, prácticamente.

Soy una sobreviviente y la única a bordo de este tren que no quiero ver caer, no me gustaría que se fuera a descarrilar en cualquier lugar.

Por eso no sé qué hacer al estar frente al teléfono, dos llamados me aguardan.

Uno me llevará nuevamente al pasado con la certeza de que realmente no hay nada para mí ahí. Solo ilusiones que se desvanecen más rápido de lo que yo soy capaz de pensar.

El otro quizá me ayude a despertar una vez más, quizá me ayude a seguir por esa senda que ya había creido perder

El problema es que una se haya en mis manos, la otra no.

Una está a un botón de mi vida, la otra, solo en las manos del destino.

¿Qué será de mi? No quiero ser un barco a la deriva, navegando por las aguas del desierto.

Para ambas mujeres hay amor en mi corazón, pero sí para ninguna hay cabida de mis intenciones en su vida, quizá sea hora de dar un giro a la redonda y volver a buscar todo en el origen que nunca desapareció: el latido de mi propio corazón.

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